Puede que algunos aficionados no recuerden cómo era Rijkaard sobre el terreno de juego, probablemente los más jóvenes ni siquiera le habrán visto jugar. El sereno entrenador del Barça, antes de su paso por los banquillos fue uno de los mejores jugadores del mundo. Surgido, como no, de la cantera del Ajax, formó parte del desembarco holandés que llegó al Milán que estaba construyendo Arrigo Sacchi a finales de los ochenta, acompañado por Van Basten (compañero suyo en el Ajax) y Gullit (la gran pormesa del Feyenoord). El revolucionario técnico, los tres tulipanes y un grupo de futbolistas italianos cambiaron para siempre la cara del 'deporte rey'. Rijkaard destacaba menos que Van Basten, 'el cisne de Utrecht' que marcaba goles con la elegancia de un bailarín de claqué, y tampoco era tan llamativo como Ruud Gullit, un 'todocampista', un tipo de jugador extinto que tenía la capacidad para sacar la mejores notas de todos los instrumentos de la filarmónica. Como libre o medio centro, Rijkaard aportaba equilibrio a su equipo, con el gran sentido táctico que tenía del juego, pero además le daba una quinta marcha y un empuje físico vital para lanzar al ataque a sus compañeros. La sensación que daba en ocasiones era la del clásico 'abusón' de patio de colegio; un jugador tan alto, tan fuerte y con tanta calidad que parecía imposible que nadie fuera capaz de quitarle el balón... Ahora que en San Siro vuelven a sonreir, quizás olviden injustamente la que ha sido su mejor época, aquella en la que Baresi mandaba, Maldini aprendía, Ancelotti luchaba, Van Basten marcaba, Gullit brillaba, y Rijkaard apoyaba a todos y cada uno de ellos para que hicieran mejor su trabajo.
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Publicado en el número 48 (abril de 2007) de la revista 'Futbolista'
Un partido entre hermanos
En la rivera del río Mersey se disputa uno de los derbis más peculiares del mundo. Las aficiones de Liverpool y Everton son un verdadero ejemplo de convivencia, solidaridad y unión. Y es que como se dice allí, “Liverpool es demasiado pequeño para llevarse mal con los vecinos”.
Cuando se disputa un derbi en Liverpool, las autoridades no están preocupadas por los altercados entre aficiones o por los clásicos destrozos de los ‘hooligans’ en los aledaños de los estadios… Sencillamente porque no los hay. La rivalidad entre las hinchadas de Liverpool y Everton existe, pero se reduce estrictamente a lo deportivo, a competir por ver quién es el que más fuerte alienta a los suyos. Los seguidores del ambos equipos comparten pubs, viajan juntos partidos internacionales y pelean unidos contra los de otras ciudades (principalmente las de los equipos de Manchester, Birmingham o Londres). Los motivos de esta unión hay que buscarlos en dos tragedias que mostraron la peor cara del fútbol y que supusieron un golpe sin precedentes para la ciudad del río Mersey. Heysel y Hillsborough, dos estadios, dos avalanchas y dos dramas en menos de cinco años cuyo impacto alcanzó, en mayor o menor medida, a todos los habitantes de Liverpool, fuera cual fuera su equipo, ya que era extraña la familia en la que no hubiera aficionados de ambos bandos. Tras el desastre del Hillsborough, en 1989, cuando murieron 96 seguidores ‘red’ aplastados contra las vallas protectoras del campo tras un error policial, la ciudad entera se volcó para honrar a las víctimas. Goodison Park, el estadio del Everton, y la portería de The Kop, la grada más mítica de un Anfield cuyo césped se cubrió para la ocasión con un manto de flores, quedaron unidos entonces a través de una cadena de bufandas rojas y azules. Aquel gesto se conoció como el ‘vínculo de amor’, que se ha extendido hasta el día de hoy.
Los inicios de la rivalidad
Las excelentes relaciones entre ‘toffees’ (hinchas del Everton) y ‘reds’ (del Liverpool) no siempre fueron así. Por ejemplo, en los orígenes, ya que el Liverpool se formó como una escisión del Everton. El fundador del club ‘red’ y concejal del ayuntamiento de Liverpool (posteriormente llegó a ser alcalde de la ciudad), John Houlding, era el presidente del Everton, que nació en 1878 (es uno de los fundadores de la liga inglesa), pero decidió crear un nuevo equipo cuando sus compañeros de junta acordaron abandonar el estadio que ocupaba el club y que no tenía nombre (era el origen del actual Anfield) para marcharse a uno más grande y moderno al otro lado de Stanley Park (Goodison Park), después de que el propietario del terreno pretendiera subir el precio de su alquiler. Houlding se negó, entre otras cosas porque era el propietario de un pub llamado Sandon muy cerca del estadio, y no quería perder el dinero que los aficionados gastaban allí antes y después de los partidos. Sandon incluso hacía las veces de vestuario de los jugadores, que se cambiaban entre pintas de cerveza y aficionados bebidos. En 1892, Houlding, tres jugadores del Everton y una veintena de socios fundaron el Liverpool (al principio llamado Everton Athletic), que comenzó a jugar en aquel viejo y vacío estadio, que debido a su proximidad con una calle, comenzaría a llamarse Anfield Road. El modesto conjunto jugaba con la equipación azul heredada del anterior club, y completó su plantilla con ocho futbolistas escoceses, fichados por Houlding tras una ‘gira relámpago’. Un año después, aquel equipo (conocido como el ‘macteam’ por la abundancia de escoceses) ganó invicto la liga de Segunda y ascendió a la máxima categoría, comenzando entonces a producirse un choque que ha vivido más de 200 ediciones, marcadas por una tremenda igualdad.
La evolución
Desde aquellos inicios, en los que el Everton era el club ‘grande’ de la ciudad y el Liverpool era el ‘modesto’, mucho han cambiado las cosas. Los de Anfield fueron poco ha poco dándole la vuelta a la situación, hasta llegar a su ‘época dorada’ de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando lograron cuatro Copas de Europa, y fueron la referencia futbolística europea. Justo cuando se apagó el brillo de esta generación ‘red’, surgió uno de los mejores equipos del Everton, que a finales de los ochenta ganó dos Ligas, una Recopa y una Copa de Inglaterra. Luego llegó una época oscura para ambos y para el fútbol inglés en general tras los incidentes y las sanciones, que restó pasión y colorido a este derbi, pero en los últimos años la tensión ha resurgido con la vuelta a la elite de los ‘toffees’ y la quinta Copa de Europa del Liverpool hace dos campañas, ya con Benítez en el banquillo. El derbi se afronta con emoción y ganas de vencer al rival de toda la vida en los dos lados del Stanley Park, pero siempre circunscribiéndose a lo puramente deportivo.
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Una curiosidad para aquellos aficionados al fútbol a los que también les gusten Los Simpsons (me encuentro entre ellos). En la 19ª temporada de la serie, aún no estrenada en España (vamos por la 17ª, y Antena 3 emite los capítulos algunos sábados, y otros no), Ronaldo aparece en uno de los capítulos. El propio jugador prestó su voz y se interpretó a sí mismo, leyendo algunas frases en inglés. Eso sí, está un poco desactualizado, ya que aparece vistiendo la camiseta del Madrid. Lo siento por los que no sepan inglés, pero no he encontrado ningún vídeo con subtítulos...
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Los compromisos internacionales de la selección española, ante rivales tan apasionantes como Letonia o Liechtenstein, ponen el punto y aparte en una Liga más apasionante que nunca. Tres equipos tienen posibilidades de ganarla, han hecho los méritos suficientes para llegar al mes de junio con opciones de llevarse el premio gordo. El que más opciones tiene, a día de hoy, es el Real Madrid, líder empatado a puntos con el Barça y en estado de ebullición futbolística desde hace alrededor de un mes. Los blancos están física y moralmente, varios puntos por encima de los catalanes, y eso les ha servido para sacar adelante partidos que se han puesto muy cuesta arriba. El Barça, por su parte, también está sabiendo aguantar el tirón y mantenerse con muchas opciones, aunque sufriera para derrotar a un excesivamente violento Getafe.
Dentro de dos semanas, el Madrid visita un campo tan difícil como la Romareda con la necesidad mortal de ganar, mientras que el Barça sin Ronaldinho (de poco servirán los recursos con una tarjeta roja mediante) recibe a un Espanyol con ganas de fastidiarle la Liga a su vecino rico. Una jornada decisiva, en la que el equipo que acabe primero tiene grandes posibilidades de llevarse el título. Porque, con todos mis respetos para Mallorca y Nástic, rivales sin ningún objetivo de blancos y blaugranas en la última jornada, no creo que ninguno de ellos sea un obstáculo demasiado difícil.
No me olvido del Sevilla, aunque creo que lo tiene muy complicado y se puede quedar a las puertas de la gloria. Sencillamente porque tienen que fallar los dos para poder alzarse con el liderato. Y eso, a día de hoy, es muy complicado.
La sentencia, aplazada por la Selección española hasta dentro de quince días...
Artículo publicado en el número 1 (mayo de 2007) de la revista 'Fútbol Life'
En 1992 los grandes equipos ingleses se rebelaron ante la precaria situación de su competición liguera para refundarla con unos principios más comerciales y acordes a los tiempos que corrían. Quince años después, la Premier League se ha convertido en una de las ligas de referencia a nivel mundial. Grandes estrellas, audiencias millonarias, estadios donde se respira historia o modernidad y los aficionados más fieles han provocado que el fútbol mire permanentemente a Inglaterra
Al principio de los años noventa los estadios ingleses registraban entradas paupérrimas, la violencia ‘hooligan’ alejaba a las familias del fútbol y había provocado una sanción q
ue impedía a los clubes ingleses participar en competiciones europeas (tras la tragedia de Heysel en 1985), los contratos televisivos eran irrisorios y las grandes estrellas se negaban a recalar en la Football League. Los inventores del fútbol veían como el nivel de su liga nacional estaba muy lejos de otros campeonatos europeos como el alemán, el español o el italiano. En mayo de 1992, y en una iniciativa impulsada por los clubes más poderosos del país, se creó la Premier League como una compañía no dependiente de la Federación, que gestionaría los derechos televisivos, la publicidad, e intentaría dar una vuelta de tuerca al fútbol inglés para devolverle al primer nivel. Se acababa así con una vinculación de más de un siglo (104 años) entre la FA y la Liga, y comenzaba una nueva y próspera era para el fútbol británico. La sanción de la UEFA concluyó y los equipos ingleses pudieron volver a jugar por todo el continente. Además, empezó un proceso ‘aperturista’ a jugadores extranjeros, gracias al que llegaron a la Premier futbolistas como Cantona, Schemeichel, Zola o Bergkamp, que cambiaron para siempre la fisionomía del juego inglés, hasta entonces aguerrido y muy directo, para darle un salto de calidad que les permitió jugar fuera de las islas sin complejos de inferioridad.
¿La mejor del mundo?
Quince años después la Premiership es, con toda seguridad, una de las tres ligas más fuertes del planeta; sus estadios están llenos y son seguros (exceptuando algunos incidentes punt
uales), los diferentes equipos cuentan con algunos de los mejores jugadores del planeta y los clubes son en su mayoría negocios muy rentables que incluso cotizan en bolsa. De hecho, algunos de ellos ya han sido comprados o están negociando con magnates de todo el mundo, que atraídos por el encanto del fútbol inglés, gastan parte de sus fortunas en contratar a los mejores futbolistas. Roman Abramovich, del Chelsea, es el más famoso y el pionero, pero detrás de él llegaron Malcolm Glazer en el Manchester United, Randy Lerner en el Aston Villa o Alexandre Gaydamax en el Portsmouth.
Eso sí, a pesar de la igualdad dominante en la competición, sólo cuatro equipos han logrado hacerse con el título de liga en los catorce años de vida de la competición: Manchester United, Blackburn Rovers, Arsenal y Chelsea. De ellos, el más laureado ha sido el Manchester, que con ocho títulos es el absoluto dominador de la Premier. Sorprende la ausencia en este cuadro de honor el Liverpool, que no todavía no ha introducido en sus vitrinas la liga inglesa con el actual formato (no gana el campeonato desde el año 1990), a pesar de ser el equipo inglés con más éxitos internacionales.
El pulso en la parte alta
Esta temporada, el Chelsea de Mourinho, campeón de las dos últimas ediciones de la Premiership, ha encontrado un inesperado escollo en la travesía hacia su tercer títul
o consecutivo; un Manchester United que ha renacido gracias a la sabiduría del ‘viejo zorro’ Ferguson, que en su 21ª temporada como jefe deportivo absoluto en Old Trafford ha sabido ‘reinventarse’ a un equipo joven, rápido y con mucha hambre. Los otros dos ‘grandes’; Arsenal y Liverpool, llevan toda la temporada a una distancia prudencial de los primeros. El Arsenal es completamente ‘henrydependiente’ y sufre por la juventud y escasez de experiencia de gran parte de sus jugadores, las jóvenes promesas que Wenger cuida para que sean cracks dentro de unos años. Y el Liverpool sigue sin aspirar de verdad a la Premier, quedando descolgado a las primeras de cambio, y eliminado rápidamente tanto de la FA Cup, como de la Copa de la Liga.
El buen rendimiento en la Champions es lo que permite que Benítez conserve crédito, en una temporada en la que ha comenzado a ser criticado
El historial
2006/07 Manchester United
2005/06 Chelsea
2004/05 Chelsea
2003/04 Arsenal
2002/03 Manchester United
2001/02 Arsenal
2000/01 Manchester United
1999/00 Manchester United
1998/99 Manchester United
1997/98 Arsenal
1996/97 Manchester United
1995/96 Manchester United
1994/95 Blackburn Rovers
1993/94 Manchester United
1992/93 Manchester United
Todos los ‘topscorers’
2006/07 Drogba (Chelsea) 20 goles
2005/06 Henry (Arsenal) 27 goles
2004/05 Henry (Arsenal) 25 goles
2003/04 Henry (Arsenal) 30 goles
2002/03 Van Nistelrooy (Manchester United) 25 goles
2001/02 Henry (Arsenal) 24 goles
2000/01 Hasselbaink (Chelsea) 23 goles
1999/00 Phillips (Sunderland) 30 goles
1998/99 Hasselbaink (Leeds) 18 goles
Owen (Liverpool)
Yorke (Manchester United)
1997/98 Sutton (Blackburn Rovers) 18 goles
Dion Dublin (Coventry)
Owen (Liverpool)
1996/97 Shearer (Newcastle) 25 goles
1995/96 Shearer (Blackburn Rovers) 31 goles
1994/95 Shearer (Blackburn Rovers) 34 goles
1993/94 Andy Cole (Newcastle) 34 goles
1992/93 Sheringham (Tottenham) 22 goles
Los datos
Record de asistencia a un partido
Manchester United 5 – Fulham 1 en agosto del 2006. 75.115 espectadores
Asistencia media
34.144 espectadores
Fichaje más caro
Andriy Shevchenko, del Milán al Chelsea por 45 millones de euros
Más victorias en una temporada
El Chelsea de la campaña 2004/05, que ganó 29 de sus 38 partidos
Jugador con más partidos
Gary Speed (Bolton), con 505 encuentros desde 1992 (al cierre de esta edición)
Jugador con más encuentros seguidos
Frank Lampard con 164 (no se perdió un partido entre octubre de 2001 y diciembre de 2005)
Primer gol
Lo marcó Brian Deane, del Sheffield United en el partido inaugural de la campaña 1992/93, ante el Manchester United
Gol más rápido
Ledley King, del Tottenham, a los diez segundos del encuentro ante el Bradford en la temporada 2000/01
Más jornadas consecutivas marcando
Ruud Van Nistelrooy, que marcó en siete encuentros seguidos en la campaña 1993/94
Equipo más goleador en una temporada
El Manchester United de la campaña 1999/00, con 97 goles
Temporadas más goleadoras
Fueron las campañas 1993/94 y 1994/95. En cada una de ellas se marcaron 1195 goles
Máximo goleador
Alan Shearer ha sido el único jugador que ha llegado a los 200 goles en la Premier (ha marcado 260 en total
Las tradiciones
· Boxing day
El 26 de diciembre siempre se juega una jornada de Liga en Inglaterra. La tradición viene del siglo XIX, como un divertimento para los sirvientes que no podían celebrar la Navidad el día 25, por estar trabajando para sus señores. En la mañana del día 26, esos sirvientes visitaban a sus parientes con cajas (boxes; de ahí lo de boxing) con las sobras de los banquetes del día anterior y las iglesias repartían su recaudación entre los más desfavorecidos. Y esa ‘Navidad de los pobres’, como no era fiesta religiosa, se podía ir al fútbol, tradicionalmente el deporte de los que menos tenían. A partir de entonces, la tradición se instauró hasta hoy. Durante la Navidad, los equipos acumulan un maratón de partidos, las familias acuden unidas, se respira un ambiente de tranquilidad en los estadios…
· Charity Shield
Actualmente se conoce como Community Shield, y es el encuentro que enfrenta al campeón de Liga con el de Copa antes de que comience la temporada, aunque no siempre fue así. En 1898 se comenzó a disputar la Sheriff of London Charity Shield como un torneo aficionado. En 1908 se transformó en un partido informal entre un equipo profesional y otro amateur, aunque poco a poco se fue instaurando la fórmula actual de enfrentar a partido único al campeón de Liga y al de Copa. En los años setenta se decidió que la recaudación de este encuentro estaría destinada a obras benéficas, y que siempre se jugaría en Wembley. La demolición del mítico estadio londinense trajo también el cambio de nombre, espíritu y ubicación de este encuentro, que ahora se llama Communitty Shield, se juega en el Millenium Stadium de Cardiff y sólo destina una parte de sus beneficios a la caridad.
· Hat trick
Aunque esta costumbre se ha extendido a todo el planeta, no hace tanto tiempo era exclusiva de la liga inglesa. Allí, cuando un jugador logra marcar tres goles en el mismo partido, se dice que ha logrado un ‘hat trick’ y se lleva el balón del partido a casa firmado por todos sus compañeros. El origen está en el cricket, donde al jugador que logra tres puntos consecutivos se le otorgaba un sombrero. De hecho, el significado literal de ‘hat trick’ es: “broma del sombrero”.
· El programa
Leer el programa oficial del partido es una de las tradiciones centenarias del fútbol inglés. De hecho, existe un importante mercado de intercambio y compra – venta de programas antiguos, y se han llegado a pagar importantes sumas de dinero por algunos procedentes del siglo XIX, o aquellos que anunciaban eventos históricos como el triunfo de la selección inglesa en el Mundial de 1966.
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Su longevidad en el fútbol actual es impresionante. Para los que no tenemos ni treinta años, Maldini siempre ha estado ahí, ha jugado toda la vida. Ha visto pasar por delante suya a Van Basten, Maradona, Platini, Butragueño, Matthaus, Weah, Baggio, Shevchenko, Ronaldo, Kaká... Y él sigue, impertérrito, mandando desde atrás a la defensa de un equipo que no será lo mismo cuando el mítico '3' decida colgar las botas. Probablemente este momento llegue al final de la temporada que viene, cuando el antiguo mejor lateral izquierdo del mundo, hoy central cumplidor, haya cumplido su 22ª campaña al máximo nivel, en un Milán que le dio su primera oportunidad a los 17 años, tras su impecable trayectoria en la cantera 'rossoneri' y con el aval de llevar los genes de otro mito del club como su padre Cesare, Maldini I. El sucesor ha superado con mucho los éxitos de su padre; tiene 5 copas de Europa, una infinidad de Scudettos, ha estado al máximo nivel durante décadas... Es el rey del Milán, el rey del fútbol moderno, un futbolista que será difícil volver a ver surgir. Lateral izquierdo convertido, porque no es zurdo, maneja con maestría ambas piernas, tiene todas las cualidades necesarias para un defensa y ha sabido reconvertirse a central, donde su pérdida de velocidad es menos evidente.
Después de las loas, he de señalar que no creo que se merezca el balón de oro 2007. Y lo explico. El balón de oro es un premio a una temporada, y esta campaña no ha sido la mejor de Maldini, ni la segunda, ni la tercera mejor de su carrera. Yo diría que ha cubierto el expediente de forma notable para sus 38 años, pero me parecería una falta de respeto a sus mejores años premiarle ahora. Y además, es que hay muchos otros jugadores que han hecho una campaña más brillante que él (Cristiano Ronaldo, Drogba, Van Nistelrooy, el propio Kaká...). La teoría de premiarle por su trayectoria sigue sin parecerme válida. Si quieren reconocerle los méritos contraídos durante su carrera, que le den un balón de oro honorífico. Hay decenas de grandes jugadores que se han retirado sin ganar el balón de oro, y a nadie se el ocurrió la esperpéntica idea de darles uno al final de su carrera, sólo por el hecho de que lo tuvieran. El propio Baresi es un gran ejemplo. De todos modos, con cinco medallas de campeón de Europa en sus vitrinas, probablemente sea a él a quien menos le importe esta polémica.
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Se repite la cantinela de cada final de temporada, alentada por los medios de comunicación sin que ningún responsable haga nada por evitarlo. El asunto es incluso considerado gracioso por algunos implicados, como los jugadores, cuyas respuestas ambiguas en sala de prensa a las morbosas preguntas del momento, indican que la mayoría de ellos ha cobrado alguna prima de otro equipo por ganar. Y el asunto, turbio y tenebroso, no hace más que emponzoñar la ya de por sí deteriorada imagen del fútbol español. Maresca se asombró e incluso se ofendió cuando nuestros compañeros de Sevilla le explicaron que las primas a terceros aquí son el pan nuestro de cada recta final. No le falta razón al bravo centrocampista italiano (y eso que en Italia no pueden presumir de la limpieza del calcio).
Yo tengo una opinión muy clara. Las primas no deberían existir. Primero por que no son legales; segundo porque no son morales; y tercero porque un profesional no debería dejarse influir por ese tipo de factores externos. Que un club le pague a un grupo de jugadores que no son los suyos para que ganen un partido, cosa que ya tenían que hacer, me parece esperpéntico y dañino para una competición que pasaría a medirse por el presupuesto que cada equipo tenga para primar a los contrincantes de sus rivales directos. Además, me sentiría indignado si fuera aficionado de un equipo, y viera que los jugadores se esfuerzan más el día que están -supuestamente- primados, que en el anterior partido, en el que no se jugaban nada. ¡Basta ya! Si no son legales, ¿por qué no se persiguen de una vez?
Entre los partidarios de la legalización, sobre todo se encuentran los jugadores. Profesionales con sueldos ya de por sí millonarios, muy por encima del trabajador medio, que no necesitan ese tipo de incentivos para rendir más. O al menos eso me gustaría creer... Los alrededores del fútbol siguen en su imparable proceso de putrefacción.
Recién terminada la final de la Champions y con las imágenes de la victoria milanista, me gustaría dejar una serie de apuntes sobre el partido, el Milán, el Liverpool y alrededores.
- El 'culo de Inzaghi'. Siempre que le veo digo lo mismo; "los mete con el culo". No me gusta, me parece demasiado teatral e incluso desleal por su afán por obtener ventaja como sea, pero la efectividad de Inzaghi está ahí. Ancelotti acertó al poner de titular a este veterano, que decantó la final con un gol con denominación de origen 'Pippo' y un segundo tanto en el que se aprovechó de la genialidad de Kaká.
- Ancelotti, maestro. Intentando jugar al fútbol (no precisamente anoche) y despreciando el 'catenaccio' Carlo Ancelotti ya ha ganado dos Champions. El doble que otros con más renombre como Capello, Rijkaard, Ferguson... Su 'cuadrado mágico' y su estilo sobrio funcionan.
- Los 'acabados'. Cuando el Barça apeó al Milán de la Champions el año pasado, muchos dijeron que los 'rossoneri' necesitaban una revolución profunda si querían volver a ganar en Europa. No ha sido necesario, la generación de los sesenta todavía a dado más guerra que los que decían serían sus sucesores.
- Gatusso. Una y mil veces sobrevalorado. Fue el jugador que más balones perdió de la final, mereció ser expulsado por conducta y faltas. Sólo se libró de ver la cartulina roja por lo diplomático de los arbitrajes europeos y por su gesto amenazador hacia el colegiado, que le miró e imaginó las consecuencias de expulsarle, las represalias que 'Rhinio' podría tomar contra su familia. Pies cuadrados, violento, no da un pase... Su trabajo lo hacen diez veces mejor que él Mascherano, Makelele y una extensísima lista de jugadores. Incluso otro 'trotón' como Ambrossini me parece más futbolista que él, pero por esas cosas raras de la vida, Gatusso está muy bien considerado.
- El futuro de Kaká. Brilló en la final, volviendo a demostrar que el trono de mejor del mundo está entre él y Cristiano Ronaldo. Me contaban hoy que el Madrid rezaba porque ganara la Champions, porque entonces el jugador consideraría un ciclo cerrado y le pediría a su club que aceptara la oferta merengue por él. Veremos, porque no creo que Berlusconi y Galliani dejen escapar al mejor futbolista que han tenido desde Van Basten.
- El Milán, el mejor. El Milán es el mejor equipo del fútbol moderno, el que ha dominado este deporte desde que lo revolucionara a finales de los ochenta y principios de los noventa con Arrigo Sacchi.
- Una final táctica. Los entrenadores impusieron su estilo. Especialmente Ancelotti, que logró que el partido no entrara en el terreno físico, donde su equipo era netamente inferior. Fue un partido entretenido por la intensidad de las finales, no por el juego desplegado. En ese sentido, la final de la UEFA de la semana pasada estuvo muy por encima.
- Benítez no acertó. Si en el planteamiento, pero cayó en la trampa del Milán, que le regaló el balón consciente de que el Liverpool está más cómodo sin él. Tardó en reaccionar el madrileño con los cambios, y pecó de conservador, pero lo que ha hecho con un equipo con tan pocos recursos como el 'red' demuestra su excepcional talla como entrenador.
- ¿Y Crouch? Le eché de menos mucho antes, incluso de inicio, porque es un futbolista que me gusta mucho. Además de su envergadura, que le da una permanente solución ofensiva a su equipo, tiene calidad, genera goles y marca algunos (aunque no sea su mejor virtud). Benítez le reservó como arma de última hora, pero ya no pudo ser.
- Antena 3, de vergüenza. No permitir a los aficionados españoles disfrutar de las imágenes de la celebración de los jugadores justo después del pitido final es adjetivable como vergonzoso. El corte publicitario superó los diez minutos, se hizo sin ningún pudor ni respeto mínimo por la competición más importante de Europa. Retransmitir no es sólo sentarse al lado de Del Bosque y Laudrup y anunciar continuamente la programación de la cadena. Las televisiones extranjeras (lo sé porque en la pausa me he conectado a algunas) que retransmitieron la final sí respetaron las celebraciones. Lo dicho, de vergüenza.
Milán y Liverpool, Italia contra Inglaterra o Benítez contra Ancelotti. Esta noche se juega el partido de la temporada en cuanto se refiere al fútbol de clubes, un encuentro esperado por su carga emotiva, tras la final de hace dos campañas, en la que el Liverpool remontó un 3-0, empató el partido, y acabó ganando a los 'rossoneros' en la tanda penaltis. Vuelven a chocar dos estilos completamente distintos, dos equipos que han sido criticados con dureza durante gran parte de la presente temporada por sus frecuentes fracasos en los campeonatos locales, pero que han ido superando rondas casi sin quererlo, sin molestar demasiado, porque muchos pensaban que en cuanto se cruzaran con algún rival de tronío, reaparecerían sus crisis. No ha sido así. El peso de la historia y de los escudos se volvió a imponer, y dos de los más grandes de Europa se enfrentan abanderando a sus respectivos países.
Y eso que el Milán tiene el estilo menos italiano (exceptuando a la primorosa Roma) de todos los equipos del calcio. El 'sello Ancelotti' implica jugar con el 'cuadrado mágico', poca importancia de las bandas, mucha combinación, velocidad en el movimiento de balón y dependencia en gran medida de la inspiración del genial Kaká, que en la Champions ha dado su mejor versión, liderando a su equipo en goles y juego. Suya es la presión tras 'regalarle' al Liverpool la Champions de hace dos años. La obsesión en el entorno milanista es vengar la afrenta.
Si el Milán es un reflejo del ambiente artístico que se respira en la ciudad lombarda, el Liverpool es el mejor representante del espíritu industrial de la ciudad portuaria británica por excelencia. Benítez ha conseguido que los 'red' recuperen su prestigio internacional sin grandes estrellas, pero con un grupo de jugadores dispuestos a ir al límite por su entrenador, que creen en lo que hacen, en la fórmula de su entrenador. El suyo es el triunfo del trabajo, del equipo por encima de la calidad. Gerrard pone la clase, pero no tiene tanto peso en su equipo como suele ocurrir con las grandes estrellas. Porque en el Liverpool lo importante es el Liverpool.
El apasionante choque promete engrandecer un poco más la leyenda de un deporte que le debe mucho a estos dos equipos. No os lo perdáis. Yo no lo haré...
Ahora, el Milán y el Liverpool en la Champions de esta temporada.
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Publicado en el número 47 (marzo de 2007) de la revista Futbolista
'La loba' contra 'el águila'
Sin ser dos de los equipos más importantes de Italia, los choques entre Roma y Lazio son los más espectaculares del calcio, los más tensos, donde hay más colorido en las gradas y más pasión sobre el campo. Para cualquiera de los dos equipos, ganar la ‘stracittadina’ es tan importante como llevar un título a sus vitrinas.
La Roma futbolística ha convivido casi siempre a la sombra de sus poderosos vecinos del norte. Los grandes títulos nacionales e internacionales casi siempre se los han repartido entre Inter, Juventus y Milán, mientras que los dos grandes conjuntos capitalinos, Roma y Lazio, quedaban condenados a un desagradecido segundo plano, recogiendo algunas ‘migajas’ en forma de trofeo esporádico. Así las cosas, la cita futbolística más especial en la ‘ciudad eterna’ era la que enfrentaba a ‘giallorossos’ y ‘biancocelesti’, un encuentro espectacular en las gradas y en el césped, conocido como la ‘stracittadina’ por su carácter extraordinario, y que para ambas entidades tiene la importancia de un título oficial. El romanista Simone Perrotta resumió lo que significa este partido con una contundente frase: “El derbi vale un Mundial”. Y lo dice todo un campeón del mundo.
Del pueblo a los adinerados
El primer equipo que se fundó en Roma fue el Lazio, que sentó sus bases en el año 1900 merced a la iniciativa de un grupo de acaudalados militares jóvenes. El nombre fue elegido porque el equipo nació con la vocación de no circunscribirse sólo a la ciudad; por eso tomó el nombre de la región donde está Roma (Lacio). Desde sus orígenes, el club se vinculó con las clases más poderosas de la capital; tomó como escudo el águila del imperio romano y como colores el blanco y el azul, para inspirarse en el ‘olimpismo’ griego. De hecho, la sección de fútbol es la más importante de la entidad, que tiene otras 36 (cricket, waterpolo, parapente…). Pero el elitista Lazio no podía competir con los equipos del norte, más ricos por estar situados en el motor económico del país.
Y como respuesta de las clases populares de la ciudad ante el Lazio de los poderosos, surgió la Roma. El diputado Italo Foschi (partido fascista) fue el impulsor de la unión entre los humildes conjuntos locales del Alba, el Roman F.C., y el Fortitudo Pro-Roma para crear un nuevo equipo más fuerte, que usaría los colores clásicos de la ciudad (rojo y naranja), además de portar al símbolo romano por excelencia como escudo (la leona amamantando a Rómulo y Remo). El Lazio quedó fuera de la fusión para crear el ‘superclub’ de la ciudad porque uno de sus dirigentes, el general fascista Giorgio Vaccaro, se negó a que se integrara y perdiera así su identidad propia. Casi desde su fundación, el pueblo romano se posicionó al lado de la nueva ‘scuadra’, que pretendía llevar a la capital un Scudetto ante la incapacidad del Lazio para lograrlo. Ya en el primer derbi que disputaron estos ‘eternos rivales’ en el año 1929, el Lazio se encontró con una tremenda inferioridad en cuanto a seguidores en las gradas, a pesar de que el choque se disputó en su propio estadio, que en aquella época era el de la Rondinella. Desde entonces, y por esa vieja teoría de los ‘vasos comunicantes’ entre los grandes rivales, Roma y Lazio han vivido pequeños momentos de gloria, que han coincidido con las crisis de su principal enemigo. Y así hasta el día de hoy.
Incidentes habituales
La historia de tensión y odio entre ‘romanistas’ y ‘laziales’ comenzó en 1929, pero las relaciones fueron empeorando temporada a temporada. Sobre todo por el distinto origen de los seguidores de uno y otro equipo; los del Lazio burgueses y de tendencias políticas conservadoras, y los de la Roma obreros e izquierdistas. Entonces llegó el régimen fascista de Mussolini y las posiciones se uniformaron; la hinchada del Lazio se radicalizó aún más, y la de la Roma también viró bruscamente hacia el ultraderechismo. Las viejas rencillas políticas y de diferencias de clases son parte de un pasado muy lejano; los enfrentamientos violentos entre las dos aficiones siguen a la orden del día, aunque sus consignas políticas sean casi calcadas, y miembros de las dos facciones coincidan en manifestaciones ultraderechistas. Como ocurre en casi todas las ciudades italianas, Lazio y Roma comparten desde los años 50 estadio; el Olímpico de Roma. Dentro del recinto, la ‘curva sud’ es para los romanistas, mientras que la parte norte es territorio ‘lazial’. Los principales enfrentamientos entre los hinchas más radicales se producen precisamente en los aledaños del estadio, y han dejado tras de sí un trágico historial de conflictos, con varios muertos y numerosos heridos. Incluso en el año 2004, los ‘tifosis’ romanistas lograron suspender un derbi al correr el rumor por el estadio de que un niño, seguidor de la Roma, había muerto a manos de la policía. Violencia, enemistad… y fútbol, son los ingredientes del cocktail más explosivo del calcio; la ‘stracittadina’.
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Le he criticado rozando la crueldad en los últimos años, pero ahora que su carrera deportiva en la elite llega a su fin, es un gran momento para recordar las virtudes de uno de los mejores laterales de todos los tiempos; Roberto Carlos. El brasileño hizo ayer el (probablemente) último gran servicio que adornará su espectacular 'vida laboral' en el Real Madrid. Es cierto que nunca ha defendido nada, que en los últimos años su físico no le da para subir demasiadas veces la banda y que no es ni una cuarta parte del que fue, pero también habrá que reconocer su dilatada hoja de servicios, que pocos jugadores han aportado más espectáculo al fútbol en los últimos años, y que es el extranjero con más partidos en la historia del Real Madrid. Eso es mucho decir. Su potencia subiendo y disparando con la zurda, su carácter afable (aunque se fue agriando con los años) y su sello futbolístico inconfundible se recordarán muchos años en un Bernabéu que ha disfrutado una década con el mayor acierto de Fabio Capello como entrenador merengue.
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El Atlético necesita un psicoanalista. Un divan amplio donde tumbarse tranquilamente y autoanalizarse. Necesita averiguar quién es, a dónde va, qué quiere ser de mayor y cómo quiere serlo. Hoy por hoy, el Atlético es una ruina andante. Un equipo lamentable capaz de lo peor y lo peor. El 0-6 de ayer en el Calderón ante el Barcelona es una derrota infame, una de esas catástrofes que te dejan huella por mucho tiempo. La parroquía del Manzanares comenzó el partido sin saber qué quería: apoyar a su 'atleti' para conseguir una victoria de prestigio y, por ende, beneficiar a su eterno enemigo, el Madrid o perder (sí perder¡¡¡, suena fuerte) para perjudicar a sus vecinos, so pena de poner en peligro la propia clasificación para la próxima edición de la UEFA....Y ocurrió lo peor. El Atleti perdió sí, pero hizo el mayor de los ridículos que se recuerdan en el Calderón. Nunca antes había perdido 0-6 en casa. Un equipo que aún luce aires de grande no puede recibir una paliza de esas dimensiones. Los jugadores que comenzaron el partido conscientes de que tenían coartada para perder, llevan desde ayer una mancha en su historial. A falta de tres jornadas, me da la impresión de que el Atlético perderá su plaza en la UEFA esta temporada y que lo 'de ayer' tendrá consecuencias graves en el club. ¿Cuales? Apuesto por la no renovación de Aguirre y la salida del club con rumbo a Inglaterra de Fernando Torres. Haría bien 'el niño' en irse del Calderón. Él sí que tiene la coartada perfecta para marcharse, y no 'el tal atleti' de ayer. Un equipo que ayer dio vergüenza ajena.
En tiempos en que cualquier noticia relacionada con el mundo del fútbol está cargada de tintes llenos de agresividad y violencia, el detalle de ayer noche del Sevilla al término de la final de la UEFA al hacer pasillo al equipo al que acababan de derrotar, el Espanyol, engrandece al fútbol. Venden más los incidentes, los cortes de mangas, las declaraciones altisonantes o los cánticos ofensivos pero yo quiero llamar la atención sobre el pasillo del Sevilla....en la vida hay que saber ganar y perder y eso, los de Nervión, lo demostraron ayer. Un detalle de señores que engrandece al fútbol.
Palop es uno de esos jugadores que engrandecen al fútbol. Durante años ha tragado sapos y carretas sin levantar la voz, confiando en su enorme calidad y soportortando con espíritu de equipo ser el eterno suplente de Cañizares. Jugó a gran nivel en el Villarreal y, al retornar a Mestalla, volvió a su sitio en el banquillo. El muro de 'Cañete' era insalvable. Fichó por el Sevilla con más de treinta años y se dispuso a aprovechar la oportunidad de su vida, esa que le brindaba Monchi (¡qué ojo tiene este hombre!). En la meta del Sánchez Pizjuan ha firmado tardes de gloria pero siempre manteniendo una regularidad a prueba de bombas, una cualidad que es la mejor arma de los guardametas. Este año, sin embargo, Palop ha estallado: sigue parando igual de bien que cuando ocupaba la portería de El Madrigal o era el suplente perpetuo de Cañizares -en eso no ha cambiado- pero, además, se ha permitido el lujo de firmar una final memorable y hasta meter un gol en el último minuto en un lugar tan remoto como Donest. Dos detalles que le permitirán pasar a la historia. Hasta ahora, Palop había escrito otra clase de historia: la que distingue a los futbolistas de equipo, a los buenos futbolistas que conscientes de su valor, trabajan en pos del colectivo. Palop es un gran portero, pero eso ya lo sabíamos. No es una cosa de ahora.
Me he acercado a la figura de Bochini recientemente, descubriendo con sorpresa a un futbolista muy poco valorado internacionalmente por su resistencia histórica a marcharse de Independiente de Avellaneda, el club al que amó con locura. El ídolo de Maradona fue un futbolista superlativo, con escasísima forma física, pero una extraordinaria calidad técnica y visión de juego. Un genio con poco reconocimiento pero al que es bueno recordar. Aquí os dejo un rato a solas con el 'dibujante'.
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Estas cosas llegan así, cuando menos se lo espera. El Barça daba signos de agotamiento, de altivez, de soberbia desmedida, de ausencia de ambición... No ha ganado a ningún rival directo esta temporada, falló estrepitosamente tanto en la Supercopa de Europa como en el Mundial de clubes, está sacando sus partidos -incluso ante rivales asequibles en un principio- con muchísimos apuros y sus estrellas parecen apagarse minuto a minuto. El partido de anoche, la remontada-goleada del Getafe de Schuster, puede suponer el final de una de las épocas más gloriosas de la historia del Barça, segunda Copa de Europa incluída, pero que quizás se ha auto-consumido demasido pronto. Los excesivos halagos, el creciente ego de las figuras, la falta de hambre de un grupo que ya ha visitado la cima del fútbol mundial... Las razones pueden ser múltiples, pero los hechos son que del Campeón de Europa y España de la temporada pasada ya no queda casi nada. Sólo Messi, que ayer vio el partido desde su casa, se erige como esperanza de futuro del barcelonismo, que asiste temeroso a una peligrosa cuenta atrás; su equipo aspiraba a siete títulos y, de momento, sólo ha conquistado la Supercopa de España. La Liga corre peligro de verdad, porque 'pájaras' como la de anoche no son una casualidad. Y más teniendo en cuenta que jugaron un 90% de titulares, y que el más destacado fue precisamente Jorquera, uno de los suplentes. Sin su inspiración, el Getafe habría hecho más grande la sensación culé de vergüenza.
Capítulo aparte merece el equipo de Schuster; un conjunto que se reinventa cada verano, cuando las cesiones de los grandes vuelven a sus clubes, y sus jugadores más destacados son traspasados. Incluso los entrenadores son promocionados pronto. Pero Ángel Torres siempre atina en el centro de la diana. Los azulones tienen un equipo sin grandes nombres, pero que funciona como un reloj y juega siempre al ataque, sin miedo del rival que hay delante. Todos empujan en la misma dirección, y el sueño de una pequeña ciudad del sur de Madrid es así posible. Aquel gol de Messi, maravilloso y 'maradoniano' sólo ha servido para espolear a unos jugadores que como declaró Casquero (que está haciendo una temporada espectacular) sentían vergüenza al verlo una y otra vez... ¿Se recordará esta eliminatoria por el golazo de Messi o por la remontada del Getafe?
Otra vez el Madrid chapotea en los mismos charcos que provocaron hace muy poco tiempo que regresara a casa embarrado hasta las rodillas. Cuando parecía que el equipo resurgía, que Capello había encontrado la tecla, que los fichajes se habían acoplado y el futuro (siempre y cuando se obre el milagro y se gane la Liga) tenía un desconocido halo de optimismo, se vuelve a las andadas. Y es que José Ángel Sánchez, hombre fuerte del club (ya lo fue con Florentino Pérez), negocia paralelamente a la dirección deportiva los fichajes de Saviola y Adriano, mientras que Mijatovic cierra la operación de Metzelder y negocia con representantes de cara a la temporada que viene. Ramón Calderón, el presidente 'a la inglesa' (según sus propias palabras), tiene a dos ejecutivos diseñando, cada uno por su lado, una plantilla que podría acabar teniendo 40 efectivos. Si Mijatovic y Baldini tenían todo el poder en la parcela deportiva, es incomprensible que Sánchez esté negociando por dos jugadores que, no olvidemos, son suplentes del suplente en sus respectivos equipos, y cobrarían ficha de grandes estrellas en el Bernabéu. No seré yo quien defienda la gestión del 'héroe de la séptima', con muchas más sombras que luces, pero sí hay que intentar ser coherente; si Mijatovic es tu hombre, o le das todo el poder, o le comunicas que el año que viene no va a continuar y que debería abandonar todas las operaciones que tiene en curso. El guirigai sólo contribuye a diluir la beneficiosa (para el Real Madrid) sensación de euforia por la que ahora atraviesa el equipo.
Ya no cabe duda; anoche quedaron despejadas las pocas incógnitas que quedaban sobre una Liga que es cosa de dos, de viejos enemigos que llevan más de un siglo batallando y que hacía tiempo que no se encontraban en una situación similar en la recta final del campeonato. La teoría de los vasos comunicantes ha hecho que cuando uno ha estado arriba, el otro le haya mirado desde abajo. Ahora no. Los dos responden, y aguantan en un pulso que se decidirá por detalles mínimos.
Anoche el Real Madrid demostró que sí aspira de verdad al título, y que hoy por hoy está bastante mejor que un Barcelona que sufre demasiado para sacar los partidos ante rivales mediocres. He repetido una y mil veces que no creía en este Real Madrid, pero no sé si serán los errores del resto de sus rivales en la parte alta, o la recuperación de efectivos, o el haber recobrado el orgullo... El caso es que los blancos han llegado al momento decisivo del campeonato de la regularidad mucho más fuertes que cualquiera de sus rivales directos -me refiero tanto a fortaleza física como a mental- y el encuentro de anoche fue la mejor prueba. No es fácil remontarle a un equipo tan serio y bien plantado como el Sevilla, ni hacerle tres goles, ni maniatarle en muchas fases del partido... El Madrid muerde, empuja y mata. Incluso me atrevería a decir que en los últimos tiempos viene jugando bien. Sin ser un vendaval futbolístico, el Madrid quiere atacar y confía en jugadores como Beckham, Robinho, Cicinho o Van Nistelrooy para hacerlo. Por cierto, la temporada del holandés está siendo modélica. Sin estridencias no salidas de tono está siendo el mejor delantero de la Liga; así de claro.
Y qué decir de Guti. Sentenciado por enésima vez en su carrera tras un error pueril en Vigo, volvió a resurgir, salió desde el banquillo y levantó a su equipo con dos obras maestras de un genio infravalorado una y un millón de veces, un jugador que tiene en su cabeza todos los pases posibles y lanza siempre el más difícil, el más efectivo, el más precioso. Guti merece jugar siempre en el Real Madrid, y más cuando su competencia es la que es hoy. Él impulsó a su equipo a una pugna que promete ser apasionante.
Porque el Barça está pasando un momento complicado, en el que la calidad de sus hombres de arriba está resolviendo compromisos que el año pasado habría resuelto con un par de mandobles. Porque está muy lejos del nivel de juego de temporadas anteriores. Y sobre todo, porque su forma física y su estado mental están muy por debajo del de su gran perseguidor...
Me equivoqué, sí hay Liga, y el animador es el Madrid...
Escribo este post un día antes de que el Sevilla se juegue parte de sus aspiraciones de ganar la Liga en el Santiago Bernabéu, ante el renacido Real Madrid. No sé que hará mañana el club de Nervión pero, en realidad, es indiferente para este texto. El Sevilla se ha convertido en una anomalía dentro del fútbol europeo. Una anomalía grandiosa y envidiable; un ejemplo a seguir. Más bien, un formidable ejemplo a seguir. Hasta el descenso a Segunda División, el Sevilla era un equipo de clase media en España, un conjunto con más aires de grandeza que grandeza, gastador de dinero a espuertas, experto en fundir millones de futbolistas de medio pelo y en no ganar nada de nada. Un equipo del montón. El descenso fue una catarsis. Y provocó el milagro. Un milagro en forma de trabajo, de echar horas y horas, de peinar los mercados internacionales, de hacer un proyecto sólido en el que la base está en la cantera, en no considerar a nadie imprescindible, en comprar a bajo precio para vender carísimo y reinvertir los beneficios...el resultado, a 24 horas de uno de los partidos más importantes de la historia 'palangana' es espectacular: una UEFA Cup y una Supercopas en la vitrina; en dos semanas disputará otra final de la UEFA, jugará, casi con toda seguridad, la final de la Copa del Rey; tiene la clasificación para la Champions casi asegurada y lucha por la liga codo con codo con el Real Madrid y el Barcelona, los dos gigantes del fútbol español. Y ahí un plus a todo esto: la apuesta ambiciosa de ir a por todas las competiciones, sin regatear esfuerzos...algo que no han hecho ni los grandes españoles pero tampoco los italianos, ingleses, franceses o alemanes. El Sevilla lo quiere todo, no se arruga...ya piensa como el club más grande que los grandes. Ha llegado al final de temporada jugándose todo en todas las competiciones. Una proeza que indica que hay ambición en todos los estamentos del club pero también que hay plantilla y nivel en todos sus futbolistas para mantener el envite. El resultado final está por ver, pero éste ya es el mejor Sevilla de la historia y, uno de los mejores equipos del mundo, en los últimos veinte años.
Gennaro Gattuso no es Kaká. Tampoco es Cristiano Ronaldo y está muy lejos de parecerse a Pirlo o Seedorf. Ni lo es ni lo quiere ser. Gennaro Gattuso es mucho más que eso, es el corazón del Milán. Se ha puesto de moda vilipendiar a futbolistas de su estilo. Se les encuadra en un cierto cliché despreciativo: son futbolistas sin técnica, todo pundonor y sudor. Nada más. Sin embargo, Gattuso es más listo que ninguno. Le gusta la fama de tuercebotas que arrastra. Le gusta y la alienta. Es su mejor arma. Debajo del disfraz de obrero con el mono manchado se esconde un futbolista que tácticamente es casi perfecto; abarca campo, cubre espacios, guarda espaldas...y acompaña esa cualidad que muchos futbolistas no poseen con una más que apreciable técnia y un ascendiente sobre sus compañeros innegable. Hubo un detalle al final de la semifinal ante el Manchester que me llamó la atención. Los jugadores rossoneros festejaban en un fondo con sus aficionados el pase a la finalísima de Atenas. Seedorf se acercó a Gattuso y le preguntó qué hacían ahora, hacía qué parte del campo se dirijían...Ese gesto del holandés lo resume todo. El que manda en San Siro es Gattuso. Un futbolista capaz de secar a Cristinao Ronaldo con ayudas y posicionamiento táctico, sin faltas. Un futbolista capaz de mover el balón con criterio y de llamar a la tribu al combate. Un futbolista, además, que se camufla bajo el disfraz de torpe y que engaña a todos menos a sí mismo, que sabe a qué juega, cómo y por qué. Un futbolista de otra dimensión, el alma mater del Milán, y eso, son palabras mayores.

